El Día Internacional de la Paz se celebra cada 21 de septiembre. Esta página reúne el origen de la fecha, lo que se conmemora en ella y las razones por las que la psicología latinoamericana la ha tomado como ocasión de trabajo y no sólo de recordatorio simbólico.
La paz aparece aquí como objeto de estudio y de intervención profesional. No se aborda como una aspiración abstracta, sino como un conjunto de condiciones concretas que la investigación psicológica de la región ha documentado durante décadas en contextos de conflicto armado, desplazamiento y violencia cotidiana.
Cuándo es el Día de la Paz y qué se conmemora
La fecha es el 21 de septiembre. La Asamblea General de las Naciones Unidas creó la
conmemoración en 1981 mediante la resolución 36/67, que la vinculaba al día de apertura de su
período ordinario de sesiones. Ese anclazo movía la fecha cada año, lo que dificultaba
organizar actividades con antelación en escuelas y universidades.
En 2001 la resolución 55/282 fijó el 21 de septiembre como fecha permanente a partir de 2002.
Desde entonces el día se observa de manera invariable y se dedica a fortalecer los ideales de paz
mediante el cese de hostilidades, la educación y la sensibilización pública. La estabilidad del
calendario permitió que se convirtiera en una jornada de programación académica.
Conviene distinguirla de otra fecha con la que se confunde con frecuencia. El 1 de enero se
observa en algunos ámbitos una Jornada Mundial de la Paz de origen eclesial, distinta en historia
y en promotor. Cuando una búsqueda pregunta qué se celebra en septiembre, la referencia
internacional es la del 21 de septiembre establecida por la Asamblea General.
Por qué la paz es un problema psicológico y no sólo político
La psicología latinoamericana llegó a la cuestión de la paz por una vía distinta a la de otras
tradiciones. No lo hizo desde la teoría de la negociación internacional, sino desde el trabajo
directo con poblaciones que vivían las consecuencias de la guerra: comunidades desplazadas,
familias de personas desaparecidas, sobrevivientes de tortura y víctimas de violencia estatal.
De ese trabajo surgió una idea que atraviesa buena parte de la producción de la región: los
efectos de la violencia política no se agotan en el daño individual. Se instalan en el tejido
social, alteran la confianza entre vecinos, reorganizan la vida familiar y modifican lo que una
comunidad considera normal. El daño es simultáneamente psíquico y colectivo.
Esa lectura tiene una consecuencia práctica. Si el daño es colectivo, la reparación también
debe serlo, y la atención individual resulta insuficiente por sí sola. De ahí el peso que en la
región han tenido los dispositivos comunitarios, los procesos de memoria y las intervenciones
que trabajan con grupos antes que con pacientes aislados.
Qué aporta la disciplina a la construcción de paz
El aporte profesional se concentra en varios frentes reconocibles. Uno es el acompañamiento
psicosocial a víctimas, que ha desarrollado metodologías propias para contextos donde el sistema
de salud no llega y donde el sufrimiento tiene una causa política identificable que no puede
tratarse como un problema clínico privado.
Otro frente es la documentación. La valoración psicológica de la tortura y de otras
violaciones graves produce peritajes que tienen valor probatorio ante instancias judiciales.
Aquí el trabajo psicológico se vuelve parte de un proceso de justicia y exige estándares
técnicos y éticos estrictos, porque de su solidez depende un resultado legal.
Un tercer frente es la formación. La convivencia escolar, la resolución no violenta de
conflictos y la prevención del acoso ocupan un lugar creciente en los planes de estudio de las
facultades de la región. Las conmemoraciones como la del 21 de septiembre funcionan en ese
plano como punto de entrada para contenidos que después se sostienen todo el año.
La fecha en el trabajo académico de la región
En las facultades latinoamericanas la jornada suele traducirse en actividades concretas:
conversatorios, presentaciones de investigaciones, talleres con escuelas del entorno y espacios
de discusión sobre situaciones locales. La fecha ofrece un marco reconocible para convocar a
públicos que no asistirían a un seminario especializado.
El riesgo de toda conmemoración es quedarse en el gesto. La producción documental de la
psicología latinoamericana sobre violencia, desigualdad y desplazamiento sugiere el criterio
contrario: la fecha vale en la medida en que remite a trabajo sostenido, y no cuando reemplaza
ese trabajo por una declaración anual.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo es el Día Internacional de la Paz?
Se celebra el 21 de septiembre de cada año. La fecha es fija desde 2002, cuando la resolución 55/282 de la Asamblea General de las Naciones Unidas la estableció de forma permanente. Antes de esa decisión la conmemoración coincidía con el día de apertura del período ordinario de sesiones de la Asamblea, por lo que cambiaba cada año.
¿Cuál es el origen de esta conmemoración?
La Asamblea General de las Naciones Unidas creó el Día Internacional de la Paz en 1981 mediante la resolución 36/67. Veinte años más tarde, la resolución 55/282 de 2001 fijó el 21 de septiembre como fecha invariable a partir de 2002 y dedicó la jornada al cese de hostilidades, la educación para la paz y la sensibilización pública.
¿Es lo mismo que la Jornada Mundial de la Paz del 1 de enero?
No. Son dos observancias distintas, con historias y promotores diferentes. La del 21 de septiembre fue establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas. La del 1 de enero tiene origen eclesial y se observa en otros ámbitos. La confusión entre ambas es frecuente en buscadores, pero la referencia internacional es la de septiembre.
¿Qué relación tiene la psicología con la construcción de paz?
En América Latina la disciplina llegó al tema desde el trabajo directo con poblaciones afectadas por el conflicto armado, el desplazamiento y la violencia política. De allí surgieron el acompañamiento psicosocial a víctimas, la valoración psicológica de la tortura con valor pericial y los programas de convivencia escolar y resolución no violenta de conflictos.