ALGUNOS ANTECEDENTES
El origen de la Gestión Ambiental en el Chaco y en la región
En 1995 comenzó a dictarse en las Facultades de Arquitectura y Urbanismo, en Resistencia, y de Ciencias Físicas y Naturales, en Corrientes, pertenecientes ambas a la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), la primera Maestría en Gestión Ambiental y Ecología de la región, dirigida por el Biólogo Raúl Montenegro.
Presidente de la Fundación para la Defensa del Ambiente (FUNAM), de Córdoba, y con una larga militancia en esas lides, Montenegro organizó dicho curso de postgrado y dictó parte de sus clases, haciendo otro tanto reconocidos expertos en distintos temas ambientales del resto del país y algunos del extranjero.
El grupo de profesionales anotados superó las expectativas iniciales, y si bien se produjeron algunas deserciones a lo largo de los aproximadamente dos años que duró la experiencia, llegaron a obtener el título de Magíster en Gestión Ambiental y Ecología casi cien estudiantes oriundos del Chaco, Corrientes, Formosa y Misiones.
Se inició de esta manera una etapa distinta en lo que hace a la problemática ambiental en la región, en donde se jerarquizó la estrategia que sin dejar de lado la metodología y el criterio cient íficos, pone énfasis en las señales del medio y en el sentido común, así como en la puesta en valor de la base de datos; el estudio sistemático y la interrelación permanentes de los aspectos naturales y culturales de la realidad.
Se tuvo acceso, igualmente, a diferentes experiencia s de gestión ambiental y se estimuló en los alumnos el estudio de la realidad local, principalmente, pero en base a antecedentes nacionales e internacionales debidamente analizados.
La maestría sirvió para reforzar la gestión que veníamos realizando localmente algunos de los estudiantes desde antes, pero básicamente sirvió de fuerte aliciente a quienes desde sus profesiones y/o ámbitos laborales no habían encontrado hasta ese momento la manera orgánica y eficiente de accionar para modificar los conflictos ambientales, no por mala voluntad, sino por la impronta academicista que caracteriza a las universidades argentinas y a la formación tradicional que por lo general se imparte en los claustros.
Por la misma experiencia de Raúl Montenegro, fogueado en la lucha incentivada a partir de la década de 1960-1970 en todo el mundo, y para lo que significó un fuerte espaldarazo aquella Cumbre del Ambiente realizada en Estocolmo, Suecia, en 1972, la maestría se orientó hacia una aprehensión del objeto de estudio a partir de la práctica cotidiana y a una autogestión de los estudiantes, más efectiva y rica en la medida que mayor fuera el compromiso conque abrazaba cada uno su participación comunitaria.
Desde la formal nota de protesta firmada por la mayoría de los estudiantes, en el primer año, ante la versión de que talarían injustificadamente varios árboles del frente de la Facultad de Arquitectura, que mereció la atención de las autoridades de ese entonces y una rápida respuesta asegurando de que eso no se haría, hasta la constitución en Formosa de la Fundación por un Ambiente Mejor, y luego en Resistencia, de la Fundación Ambiente Total, ambas integradas a la sazón por estudiantes de la maestría o egresados, pasó un tiempo de estudio y reflexión que evidentemente dio sus frutos.